A un cateto le ha tocado en la lotería, va por primera vez a un restaurante de lujo. Le dan la carta, la lee no sin alguna sorpresa, pero disimula como puede.
- Camarero. Para empezar, tomaré... una angula.
- ¿Sólo una?
- Sí, sí, prefiero algo ligerito.
Cuando el camarero le sirve una sola angula y ve su tamaño, el cateto se percata de que ha hecho un ridículo espantoso. Para no caer en el mismo error, vuelve a mirar la carta, llama al camarero y le dice:
- Mire, como segundo voy a tomar... trescientos besugos.