- Y... ¿cómo quiere el señor sus huevos?
- Pues con toda mi alma, oiga.
- Camarero, camarero, esta usted metiendo su corbata en mi sopa.
- No se preocupe, señor, no encoge.
- ¡Camarero, camarero!, ¿Se ha dado cuenta de que lleva metido el pulgar en mi sopa?.
- No se preocupe, señor, no esta caliente, no me quemare.
- Camarero, camarero, tráigame un té sin leche.
- Lo siento, señor, no tenemos leche, ¿qué le parece un té sin crema?.
- Camarero, camarero, hay una cucaracha muerta en mi ensalada. Quiero que venga el encargado.
Eso no servirá de nada, señor, el encargado también le tiene asco a las cucarachas.
- Camarero, camarero, ¿esto es cordero o pollo?
- ¿No lo puede distinguir por el sabor?.
- No.
- ¿Entonces por que se queja?.
- Camarero, camarero, esta langosta sólo tiene una pinza.
- Debe haberla perdido en alguna pelea, señor.
- Bueno, pues tráigame a la ganadora.
- Camarero, camarero, ¿tiene usted ancas de rana?
- Sí, señor.
- Bueno, pues brinque hasta la cocina y tráigame mi filete, por favor.
Camarero, camarero, quisiera tomar un huevo frito grasiento y un filete de cerdo quemado, con una ensalada
aguachinada.
- Lo siento, señor, aquí no servimos así.
- ¿Cómo que no?. Ayer mismo.