Un viajante de comercio catalán de paso por Guadalajara decide ir
a visitar a su amigo Pepe que tiene un hotelito en la ciudad. Des-
pues de efusivos saludos, el viajante le pregunta:
- Escolta, ¿y tú no tendrías alguna habitación libre?
+ Pues no, chico esta todo ocupado.
- Venga, aunque no sea nada del otro jueves...
+ Bueno, lo único que puedo ofrecerte es que compartas una habita-
cion doble con otro cliente...
- Siendo así, me harás un descuento...
+ Bueno. Ahora, te advierto que no vas a pegar ojo en toda la noche
porque este cliente que te digo ronca de una manera espeluznante.
- No te preocupes, aunque confío que la rebajita que me harás sea
mayor, ¿no?
Quedan de acuerdo y el viajante pasa la noche en la habitación del
que ronca. A la mañana siguiente Pepe ve entrar en la cafetería del
hotel al viajante fresco como una lechuga, alegre y silbando. A
continuación, el compañero de habitación demacrado, con los ojos
enrojecidos de no haber dormido.
+ Oye: ¿que ha pasado? No entiendo nada.
- Pues nada, hombre, que entro en la habitación y me encuentro al
tío ese roncando con la potencia de una moto. Dejo las maletas, me
voy hacia el, le agarro la cara y le estampo un beso en todos los
morros... y se ha pasado toda la noche despierto, de pie y con el culo
pegado a la pared.